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Conseguir buenos resultados. El clima del crecimiento

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Tanto el ambiente familiar como el de nuestro entorno laboral  revelan información sobre su potencial de crecimiento. Analizar el clima o tono de una organización nos dirá si es posible conseguir buenos resultados o no y nos permitirá prever cuáles serán sus resultados futuros. A mis alumnos de la Escuela de Liderazgo de Fase4 les planteo una imagen. Imaginemos una planta en un jardín de asfalto. ¿Creéis que crecería? Evidentemente, no. Pues de la misma manera que el terreno y el clima son factores fundamentales para el crecimiento y desarrollo potencial de una planta, lo son para la organización.

¿Y de qué depende ese contexto en el que se crearán buenos resultados cuando hablamos de relaciones humanas? Del líder. Él es el responsable, el referente, aquel que establece la visión y hace lo necesario para reunir todas las fuerzas en pro del propósito común. El clima óptimo en una organización próspera (que no es lo mismo que resultadista) se reconoce al tener en cuenta algunos indicadores muy concretos que podemos medir con facilidad. Para conocerlos, os planteo una serie de preguntas que podéis aplicar fácilmente a la organización que os preocupa (familiar, empresarial, política, etc). Cuando las personas reciben formación sobre liderazgo es preciso ser honestos y humildes, un líder se caracteriza por su capacidad de análisis y no por su ego

  • ¿El trabajo se asume y realiza con gusto o hay excusas para no dar lo mejor de cada cual?
  • ¿Los miembros colaboran con entusiasmo sin condiciones o “depende del día” ?
  • ¿Estamos dispuestos a desarrollar cualquier labor o únicamente nos ceñimos a lo que sabemos o nos ha sido asignado?
  • ¿Cuál es el motor de los integrantes? ¿El dinero,  el reconocimiento, el afán de servicio?
  • ¿Qué son más comunes las sonrisas o las caras serias?
  • ¿Cómo se usan las palabras? ¿Son amables o un vehículo de agresión y poder?
  • ¿Se comunica con optimismo o con pesimismo y negatividad?
  • ¿Se escucha con plena atención o es difícil sentirse atendido?
  • ¿Estamos siempre dispuestos a aprender o la actitud ante las dificultades es “tenemos un problema”?
  • ¿Se realizan y valoran todas las propuestas?
  • ¿Se aceptan diferentes ideas?
  • ¿Son todas las personas importantes o depende de su posición?
  • ¿Se valoran las personas entre ellas o encontramos críticas y culpas?
  • ¿Hay propuestas de mejoramiento o se las frena con “palos en las ruedas”?
  • ¿Todos reconocen las cualidades de las demás personas o hay “mejores y peores”?
  • ¿Se manifiesta bienestar en las personas u os rodean desequilibrios y conflictos personales?
  • ¿Las relaciones se manifiestan en la confianza mutua o se basan en el interés y en que así han sido establecidas?
  • ¿Se comparten las cosas (y los reconocimientos) con alegría y armonía?

El análisis honesto de cada una de estas preguntas bien podría llevarnos un par de semanas de mirar con cuidado nuestra familia, empresa u organización y nos dará muchas pistas de si estamos actuando o no con las características de un buen líder. La gran pregunta es: ¿Seremos suficientemente valientes para verlo y atajarlo?

Observa tu contexto, presta atención, date cuenta de las carencias de tu liderazgo y no te engañes. La claridad es poder.
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